Hace unas semanas me reuní
con mis hermanos, cada cierto tiempo nos gusta reunirnos, solo nosotros, para recordar
viejas anécdotas, actualizarnos en las cosas que están ocurriendo en nuestro día
a día y compartir nuestros sueños, las cosas que queremos hacer en lo adelante.
Estos momentos para mi son tan placenteros porque son el espacio perfecto para
conectarnos, veo lo mucho que han crecido, son ocasiones perfectas para
aprender a través de sus experiencias de vida, me siento tan afortunado y
orgulloso de compartir mi vida con ellos y ver como se han convertido en los
seres humanos tan especiales que son hoy.
En una de nuestras últimas
conversaciones hacíamos un ejercicio en cual consistía en imaginar que haríamos
con nuestras últimas veinticuatro (24) horas en este mundo, mis dos hermanos y la
menor de nosotros dieron sus argumentos que en otra ocasión les compartiré. Cuando
toco mi turno les comenté sin pensarlo ni un segundo que dividiría mi día en
dos partes:
Primero, me tomaría la
mitad del día para visitar y expresar mi gratitud a todas las personas que han sido
parte de mi historia y han contribuido en el ser humano que me he convertido a través
de los años, a ellos les debo quien soy hoy.
La otra mitad de mi último
día la dedicaría a escribir mi experiencia de vida para de esta manera dejar al
mundo mis aprendizajes a aquellos que se quedan. Deseando que todo el que tenga
la oportunidad de leer estas experiencias pueda aprender de ellas y hacer su
caminar más placentero, mi deseo es que las cargas de los que continuaran en
este camino sean más ligeras. Se imaginarán entonces que me ha motivado a escribir.
Esa noche yo fui el más
sorprendido con las respuestas que di a raíz de este ejercicio, esto me llevo a
confirmar que muchas de las respuestas que hemos buscado desde siempre se
encuentran en nuestro interior, solo necesitamos hacernos las preguntas
adecuadas y ser totalmente honestos al expresarnos, sin pensar en miedos,
impedimentos, ni perjuicios.
Luego reflexione y me
preguntaba porque tenía que esperar mi último día de vida para hacer esas dos
(2) cosas que deseaba, hasta comprender que hemos vivido entendiendo que siempre habrá tiempo más
adelante para hacer las cosas que queremos, muchas veces esperamos que llegue
nuestro retiro para empezar a vivir, para hacer las cosas que nos gustan, sin
caer en cuenta que para ese entonces, si es que tenemos el privilegio de aun
estar aquí, nuestra salud, ánimo y fuerzas físicas no serán las mismas de hoy,
pasamos nuestros mejores años postergando nuestros más grandes anhelos entendiendo
que luego serán, con la vaga excusa diaria que nos respondemos una y otra vez diciéndonos
a nosotros mismos que no tenemos tiempo en el ahora, nos repetimos lo mismo tantas
veces que eventualmente terminamos creyéndolo. En palabras de uno de mis
autores favoritos Robin Sharma en su ejemplar más reciente El Club de las 5am: “Hay
muchos de nosotros que morimos a los treinta (30) y nos entierran a los setenta
y cinco (75)”.
En otras ocasiones
esperamos el estado de ánimo adecuando para accionar, esta es otra de las grandes
excusas que nos decimos, en el momento no tengo la motivación o la inspiración para
hacer algo. Si esperamos tener el estado de ánimo perfecto para hacer algo es
muy probable que terminemos no haciéndolo. Siempre pienso cuando empiezo a usar
un nuevo lapicero, al principio no escribe hasta que empiezo a usarlo, luego de
hacer varios trazos es que empieza a salir tinta. Realmente no sé cuántos
trazos te tocaran hacer hasta que veas la tinta que necesitas, lo único que
puedo asegurar es que es difícil que puedas escribir con este nuevo lapicero sin
calentarlo antes, haciendo varios trazos hasta que salga la tinta que esperas. No
esperes motivación e inspiración, solo hazlo ahora.
