Hace algunas semanas un sábado en la mañana había
planificado un viaje con mi esposa para encontrarnos con una tía muy querida que
se encontraba visitándonos en el país. Mi sobrino Victor, con unos 11 años de
edad, al enterarse de este viaje, sin haber hablado antes al respecto, me llama
y me comenta; “Hola Tío, hable con mi
Papa, él estuvo de acuerdo en que me pasaras a buscar para ir con ustedes, ya
estoy cambiado y con mi bulto listo, déjame saber por favor a qué hora pasas
por mí, estaré en la casa esperando por ti. Dale saludos a tía Joselin”.
Luego de que se me pasara el asombro, ¿cuál
creerían que fue mi respuesta para él, al demostrarme de esta manera su
determinación y ver que con mucha antelación ya había planificado todo para
poder acompañarnos? Victor termino acompañándonos todo el fin de semana, una
experiencia muy placentera, a pesar de su edad, su anécdota fue un ejemplo y un
aprendizaje para todos aquellos que tuvimos la oportunidad de compartir ese fin
de semana. De esta experiencia tan enriquecedora pude rescatar algunos aprendizajes
que los llevo para conmigo.
Muchas veces llegan las oportunidades y no las
aprovechamos porque no estamos preparados, esperamos que llegue el día del
viaje para empezar a planificarnos, a Victor le tomo tiempo estar listo para el
viaje, es muy probable que semanas previas ya había empezado a portarse mejor
en casa para poder conseguir el permiso para aquel fin de semana. Eligió que
cosas necesitaba para el viaje e hizo su bulto.
En otras ocasiones, aun nos hayamos
planificado, ponemos miles de excusas, a pesar de tener el deseo y estar listos
para ir, pensamos en los diferentes obstáculos y al final nuestros mismos
complejos terminan privándonos de vivir ciertas experiencias y alcanzar nuestros
objetivos. Victor nunca pregunto si queríamos llevarlo, si su compañía seria
grata, si había espacio en el vehículo, nunca puso condiciones, ni exigió
ningún tipo de comodidades, fue muy enfático al expresar que deseaba
acompañarnos, estaba listo y solo esperaba por nosotros.
En una ocasión mientras íbamos de camino le
pregunte que habría hecho si por alguna razón no lo podíamos llevar, me
contesto que se quedaría jugando patinetas con uno de sus amiguitos y se
seguirá portando bien para que lo llevara en un próximo viaje, entendiendo que
frecuentemente hay viajes en la familia a los que puede asistir. Cuando por alguna razón aun estando listos no
somos tomados en cuenta para ir de paseo, llegan un sin numero de frustraciones
y entendemos que perdimos la oportunidad de nuestras vidas. Cuantos de nosotros
tenemos un plan alternativo para cuando las cosas no salen como deseamos, dejamos
delado seguir trabajando en lo que nos ayudara a estar cada vez más preparados mientras
esperamos el próximo viaje.
Muy a menudo emprendemos un viaje con muchas
incertidumbres, hay cosas que esperamos que ocurran de una manera, pero no
tenemos la certeza de que así serán en el camino, a pesar de las vicisitudes
que se presenten es bueno mostrar buena cara ya que el hecho de que estemos de
camino nos da el beneplácito de saber que cada día estamos mas cerca que el día
anterior. Honestamente, nuca le pregunte al pequeño Victor sobre su experiencia
gastronómica o si el asiento que le toco fue cómodo, en mi memoria guardo los
recuerdos de su buena actitud ante cada circunstancia y como disfruto cada
momento.
