Compararse es definitivamente una de las formas más
efectivas de quitar toda la emoción que hay en tu vida.
Caemos en comparaciones cuando creemos que una determinada
persona recibió algo que en nuestro entendimiento merecíamos primero. Las
comparaciones llegan por el supuesto de creer que merecemos más lo que otra
persona ya posee. Inicia con un sentimiento de querer para si lo que otra
persona ya tiene, pero en todas las circunstancias se trata de algo que es
positivo y favorable para nuestra vida. Es poco probable que hagamos
comparaciones con cosas que no son favorables a nuestra vida.
Tendemos a medir el éxito propio en función a la cantidad
de cosas que se poseen que son iguales a la generalidad de un grupo de personas
de un determinado sector o industria. Muchas veces se quieren recibir los
resultados de unos hábitos y acciones cotidianas que no se practican, queremos
recibir un premio por algo en lo que no hemos trabajado. Ya sea por cultura o
por el tipo de educación que hayamos recibido, en nuestro interior está
arraigado el sentimiento de que todo lo merecemos sin antes pagar un precio.
Piensa en una botella de 16 oz que se queja porque no es
una botella de 1 litro como lo es su compañera de al lado. Su propósito y utilidad es para ser llenada
por 16 oz de jugo, su condición es única, irrepetible, pero sobre todo muy
necesaria, sin esta no existiría una presentación para suplir las necesidades
de aquellos clientes que su deseo es consumir 16 0z de jugo y nada más. En el hipotético
caso de que ambas botellas sean de 1 litro, que tendría de especial la segunda
botella con relación a la primera. De igual manera es el mundo, piense en lo
como seria si todos fuéramos y actuáramos iguales, seriamos tan predecibles que
la vida se tornara muy aburrida. En nuestras diferencias en donde se encuentran
nuestras mayores riquezas.
En una ocasión existía una pareja de esposos ya ambos de
mediana edad, el esposo en algún momento fue adicto al alcohol por lo que
asistía frecuentemente a las reuniones de un grupo de ayuda, este tenía
alrededor de diez años sobrio, pero desde su mismo testimonio expresaba que muy
a menudo en los días en que pasaba por difíciles circunstancias sentía la
necesidad de volver a tomar, la esposa conocía esta realidad de su matrimonio.
En una ocasión un allegado a la familia se acerca a la esposa y le pregunta
como puede vivir y manejar este tipo de circunstancias ya que en cualquier
momento su esposo podía volver a tomar propio de alguna recaída en su terapia,
la esposa sonriente contesto “Con el pasar de los años he entendido que la
convivencia es una calle de doble vía y yo hago lo necesario para enfocarme en
mi lado de la calle”. Esto mismo ocurre en nuestras vidas, más que tratar que
estar al pendiente o preocupado por lo que otra persona recibió a esta por
recibir deberíamos hacer lo necesario para mantener el enfoque en nuestro lado
de la calle. El mundo necesita las 16 oz que eres, las que tienes para ofrecer
y no el 1 litro que te hace falta.